Participación en el Primer Aniversario del Espacio Libre Independiente Marabunta (ELIM)
México, DF, Gabriel Hernández, sábado 17 de Mayo de 2008

Ya entrada la noche, Iván me llama y me confirma que se celebrará el primer aniversario del ELIMarabunta, el sábado… y que tienen a bien invitarnos… ¡Chin! ¿Ahora qué hago?, ¿qué digo?
No es fácil, son puros chavos y hay tantos temas sobre los que me gustaría hablar!
Total, que entre estación y estación del metro directo a Hidalgo (por cierto, ¿se han dado cuenta que entre un vendedor de discos y un cantante ciego de la línea 2, los vagones del metro se vuelven cápsulas mágicas motivadoras del pensamiento?) recorren mi memoria –así como del Zócalo a Pino Suárez, un amante del cine propuso- los fotogramas del pedacito de la historia del ELIM que he podido apreciar.


De buenas a primeras, así, sin conocernos, sin saber si éramos mafiosos drogadictos o políticos corruptos, que pa’ el caso es lo mismo, los “vándalos” Marabunta (lo digo en tono cariñoso) en sesión nocturna, nos abrieron su espacio y nos aceptaron.


Allá por abril del 2007, gracias a que el buen Señor José nos había señalado su trabajo en la zona, les habíamos solicitado una audiencia para presentarles un proyecto que buscaba impulsar la articulación y participación de las fuerzas en la colonia, del cual ahora reconozco que era una utopía, al que queríamos invitarlos para que se sumaran.


Recuerdo que Iván marcó desde el inicio su línea escéptica (ta’ bueno, uno al menos del grupo debía ser realista, ¿no?), en tono pacato nos dijo -“yo he vivido toda mi vida en la colonia y no he visto que las cosas cambien”- y para reforzar su observación, nuestro querido guitarrista nos relató su triste experiencia con el diputado local, un tal Vi…, bueno, el nombre sale sobrando, el legislador de forma por demás negativa y poco incluyente, había descalificado una propuesta que Iván le había ido a presentar, -ahora no recuerdo sobre qué trataba- y le había dejado entrever su nula disponibilidad a ni siquiera estudiar el interés de un ciudadano.


Pero, no obstante la objetiva observación de Iván, tres integrantes del grupo asistieron disciplinadamente a las sesiones de los talleres del proyecto, intervinieron con sus comentarios, observaciones y propuestas, enriqueciendo el proceso y, llegado el momento, se subieron las mangas de la camisa para el trabajo final, incluyendo, si no me equivoco, a otra parte de Marabunta.
Al igual que a mis compañeros de Casa y Ciudad, cuando les reportaba, varias veces me descubrí felizmente sorprendida por la pasión que vi reflejada en ese trabajo, a pesar de sus otras responsabilidades con los talleres del ELIM, los tres marabuntos cumplieron con lo que se comprometieron, dieron su palabra y la sostuvieron. Pero, por lo que entendí, toda definición que los afectaba era presentada ante el pleno del grupo y entre todos decidían, si al colectivo le interesaba o convenía y cómo hacerle. Por lo tanto, ellos tres actuaban de acuerdo a las decisiones del ELIM.


De las actitudes que Casa y Ciudad, y yo personalmente, más hemos valorado del trabajo y de la relación con el ELIM, es que se hayan manejado con honestidad y que hayan siempre sido sinceros, francos y directos en sus respuestas. En un contexto donde las relaciones entre instituciones, grupos y personas son cada vez más engañosas e interesadas, estas cualidades adquieren la dimensión de un tesoro, el cual debe ser reconocido y salvaguardado.


Son varias las veces que esto se manifestó, pero una en particular quiero recordar, la cual da cuenta de su firme determinación y coherencia con el nombre que abanderan. Para no perder la costumbre, involucra al diputado local Vi, quien decidió que siendo oriundo de la Ampliación podía pasearse con sus huestes, cual alto y redondo es, sobre el pedacito de vía pública, solicitado ese día por los vecinos, Marabunta y Casa y Ciudad, para un evento expositivo. Cheli, representando la voz de los Marabuntos presentes y además organizadores, se me acerca y dice firmemente –oye, Leti, ¿cómo va a ser eso?, si no es un evento para los partidos políticos, esto es in-de-pen-dien-te. ¡Qué se retire! Y al servidor público no le quedó más que dejar para otra ocasión su costumbre de montarse sobre cualquier acto honesto de los vecinos.


A propósito de Cheli, en esto de ejercer su derecho –de ustedes, de los jóvenes- a la participación por medio de la cultura y la protección civil comunitaria, llama la atención, la presencia de las mujeres, de las chavas. Ese reconocimiento que hacen ustedes con su práctica, de la equidad vislumbra un cambio en las actitudes machistas de nuestra muy defeña cultura, lo cual saludamos.


Quiero destacar el interés, la preocupación, de Marabunta por hacer efectivo lo que se conoce en el circuito de los derechos humanos como el derecho a un nivel de vida adecuado. Al elegir la estrategia cultural para contribuir a no dejar que la violencia y la inseguridad, arraigadas en el rumbo, aumenten su dominio sobre la población infantil y juvenil, los Marabunta toman una posición clara en la transformación que anhelamos.


Como decía Iván, refiriéndose al deterioro social de la zona, las cosas no cambian, o al menos no cambian para bien con la misma frenética velocidad con la que se generan para mal, pero, yo me permito disentir. Empiezo por lo más fácil, los cambios físicos en las casas para mejorar una vivienda poco segura, son notorios, creo, el hecho de que un grupo de jóvenes se junten para proponer ideas, ejecutar acciones y canciones, planear revistas, organizar eventos, sumarse con otras organizaciones como Cause, participar en los problemas que les afectan día con día, yo eso veo que es un cambio, yo digo que eso es un cambio y muy bueno… esperanzador.

M. Leticia Salinas Salgado
Colectivo de Casa y Ciudad, Asociación Civi
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