Producción Social del Hábitat y Vivienda Antecedentes en México En los setentas no existían marcos normativos y jurídicos que apoyaran a los habitantes pobres en su posibilidad de acceder a una vivienda. Se impulsaron entonces, por las ONG, una serie de casos donde se utilizaba la organización cooperativa (en el barrio de Tepito, con la cooperativa “Palo Alto”, con la cooperativa “Guerrero”). En paralelo se empezó a gestar el desarrollo de los grupos organizados de solicitantes de vivienda que fueron los precursores de los movimientos urbanos que tanta importancia tendrían en los ochentas en las luchas y logros para la vivienda y el poblamiento. Para entonces los apoyos crediticios destinados a éste tipo de acciones eran inexistentes, durante la década en un solo caso el Instituto del Fondo Nacional de Vivienda de los Trabajadores (INFONAVIT) participó y no habría continuidad sino hasta los años ochenta. En 1979 se aprobó el primer Programa Nacional de Vivienda. Algunas de las estrategias logradas por la visión de las ONG’s y de las organizaciones de pobladores son: Aceptar que la vivienda es un proceso y que como tal se debiera reconocer en las leyes y reglamentos para asegurar que se respeten las diferentes formas de hacerla. Reconocer jurídicamente a los pobladores organizados, tanto en la forma de cooperativas como de asociaciones para la vivienda, con el fin de que fueran sujetos de crédito y financiamiento. Crear una institución financiera que apoye a los habitantes de bajos ingresos, de acuerdo a sus características y modalidades, especialmente a los no asalariados. Proponer una ley de vivienda que fomentara las diferentes formas de producción y la participación de los diversos agentes sociales. En 1982 se creó el Fondo Nacional de las Habitaciones Populares, institución flexible en sus reglas y criterios de operación. Con él los grupos de pobladores organizados pudieron obtener apoyos crediticios; en el decenio de 1982 a 1992, fueron alrededor de 2,000 créditos, con 150,000 personas beneficiadas.
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